sábado, 4 de marzo de 2017

A veces, solo necesitamos tiempo

Me gusta escribir. Mucho. Sentarme frente a una hoja de papel o el ordenador y dejar que los personajes me hablen es, sin duda, una buena forma de relajarme. Pero últimamente no lo disfrutaba.

Seguía teniendo historias que me llenaban la cabeza, escenas, diálogos... que a la hora de transcribirlos no resultaban ser como yo los veía. Era frustraste, como si no fuese capaz de sacarlo todo. 

Llegué a sentirme identificada con ese vídeo que ronda por internet en el que un humorista explica como a veces nos empeñamos a hacer algo que nos gusta y, por ese simple hecho de que nos apasiona, se nos tiene que dar bien. Y es cierto, creo que estamos en una era en la que la motivación y el “si quieres puedes“ se nos está yendo de madre. (Otro día escribiré sobre eso y sobre el montón de cosas que nos intoxican desde fuera).

La cosa es que decidí tomarme unas semanas de descanso para ver qué pasaba.   Estoy en una etapa de cambios en mí misma, y puede que también haya influido. Escribir me supone quitarle tiempo a otras cosas, y por los resultados no merecía la pena. Esta mañana he vuelto a sentarme frente al ordenador, sin forzar las cosas y dejando salir la escena a la que llevaba días dándole vueltas. Sin la presión de que tenga que ser perfecta (eso ya llegará más adelante) o pensando en el momento de publicarla. He escrito solo disfrutando de escribir, que no es poco.

Seguramente no sea aún lo suficientemente buena, pero para mí ha sido un paso adelante y he me ha hecho recuperar las ganas de terminar la historia. (He marcado como reto para este año poner fin, al menos, a dos de las tres que tengo a medias).

Luego, he hablado con una amiga que con su respuesta ha dado con la clave. A veces la mente necesita un descanso. A veces, solo necesitamos tiempo.